sábado, 1 de diciembre de 2012

Cuando una ariana se va se siente el vacio.



 Nunca vaciló si de saludar abrazando se trataba,
al encuentro con un saludo protector de ángel
se acercaba.
 Pequeña y a la vez gigante...
Su fuerza era dulcemente brutal,
una guerrera ariana sin igual.
Su piel era de la raíz mas fuerte,
sus ojos tenían la serenidad alegre de la bondad.
En cada espacio de mi vida están sus saludos con abrazos...
en toda mi vida están esos espacios completos por sus abrazos.
Una voluntad de alegría entornaba su aura de cristal.
Una humildad de años la sostenian potente.
Una luchadora que creyó y luchó junto a los míos.
La mujer con la cabellera más lacia y morocha.
Ella tenía en sus huellas de terruño el susurro de los océanos más lejanos.
Ella era demaciado real, era realmente demaciado.
Siempre estaba ahí a la vista, oculta.
Luchando desde un rincón a la vista de todos.
Ella era de todos y para todos.
Todos le pertenecíamos y no todos sabíamos.
Laurita simpre fue pequeña y a la vez gigante.
Una guerrera de fuego que conllevaba una calidez de terruño.
Nunca vaciló un abrazo, simpre de frente su cálido saludo.


Espero deje algo este humilde susurro de brisa, que lo lleve el viento como bandera para tu homenaje y que descance en el oráculo mágico de tus ojos.

Sé que simpre volverás... y serás mas que millones.

                                                                                     Grullio Pozarli...




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